Entre julio y agosto de 2025, la economía argentina atravesó su mayor devaluación desde el inicio del actual gobierno. La escasez de divisas, una demanda sostenida y menores ingresos por exportaciones tensionaron el mercado cambiario. Para acumular reservas —en línea con compromisos internacionales— el Ejecutivo intervino emitiendo pesos, lo que amplificó las presiones inflacionarias. La volatilidad llevó al peso a mínimos históricos antes de una leve recuperación.
El contexto político agravó la inestabilidad. Tras perder poderes legislativos especiales y acumular derrotas en el Congreso —16 de 17 votaciones desde abril—, Javier Milei enfrenta una oposición fortalecida y tensiones internas en La Libertad Avanza. La agenda de reformas quedó prácticamente paralizada, mientras los mercados reaccionaron con fuertes caídas bursátiles y en bonos soberanos.
Uruguay, por su estrecha integración económica con Argentina, sintió el impacto. El turismo fue el sector más afectado: la devaluación redujo el poder de compra de los argentinos y encareció sus viajes al exterior, frenando la recuperación del flujo turístico hacia Uruguay. Al mismo tiempo, los productos argentinos más baratos presionan a la industria uruguaya en el mercado interno y en terceros países.
Aunque persisten riesgos —incluidos ajustes a la baja en las proyecciones de crecimiento uruguayo—, el país ha amortiguado el golpe gracias a estabilidad institucional, inflación moderada (4,20 % interanual en agosto) y un repunte del turismo interno. La disparidad cambiaria con Argentina se redujo, disminuyendo el desvío de consumo, aunque la competitividad frente a Brasil continúa siendo un desafío.
En síntesis, la región atraviesa un momento frágil: Argentina bajo presión política y cambiaria, y Uruguay navegando con cautela, pero mejor posicionado que en crisis previas.
Fuente:La red 21.


