El adenocarcinoma ductal pancreático (ACDP) es el tipo más común de cáncer de páncreas, representando el 90% de los casos diagnosticados. Es un cáncer muy agresivo, con una tasa de supervivencia muy baja: la mayoría de los pacientes vive apenas unos cinco meses después del diagnóstico. Actualmente, es la tercera causa de muerte por cáncer en Europa, y se espera que, para 2030, sea la segunda causa de muerte por cáncer en los Estados Unidos. El doctor Gabriel Rabinovich, investigador del CONICET y director de programas científicos de la Fundación SALES, destaca que mejorar los tratamientos para este tipo de cáncer es una necesidad urgente, dado el aumento tanto de los casos como de las muertes por esta enfermedad.
Desde hace varios años, el equipo de Rabinovich, en colaboración con la doctora Pilar Navarro, ha estado trabajando en encontrar nuevas opciones de tratamiento. Un avance reciente importante en esta investigación proviene del trabajo del doctor Federico Baudou, quien viajó al Hospital del Mar de España para colaborar en el desarrollo de un innovador modelo de estudio para el cáncer de páncreas.
Este nuevo modelo utiliza organoides en 3D, lo que significa que se pueden crear estructuras que imitan mejor el cáncer real, sin necesidad de usar animales en los experimentos. Lo más relevante de este enfoque es que permite probar diferentes tratamientos sobre muestras reales de pacientes, lo que hace que los resultados sean mucho más precisos y adaptados a cada persona. «Esto nos ayuda a obtener información más confiable que la que se podría conseguir con otros modelos más tradicionales, como las líneas celulares», explica Baudou.
Este avance ofrece una nueva esperanza para tratar el cáncer de páncreas de manera más efectiva y personalizada, lo que podría mejorar significativamente las opciones de tratamiento en el futuro.
El adenocarcinoma ductal se caracteriza por el crecimiento descontrolado de las células en los conductos del páncreas. Con el tiempo, estas células anormales forman un tumor que puede bloquear los conductos pancreáticos y, en muchos casos, invadir otros órganos cercanos, como el hígado, los pulmones y el sistema linfático.
Lo que hace que este tipo de cáncer sea particularmente difícil de tratar es que generalmente no presenta síntomas en sus etapas iniciales, lo que lleva a que muchas veces se detecte cuando ya está bastante avanzado. Esto explica en gran parte por qué tiene una tasa de mortalidad tan alta. Los síntomas que pueden aparecer más tarde incluyen dolor abdominal, pérdida de peso inexplicada, ictericia (coloración amarillenta de la piel y los ojos), náuseas y cambios en las heces.
Debido a su agresividad y a la falta de opciones efectivas de tratamiento, el adenocarcinoma ductal pancreático es uno de los cánceres más letales. Los esfuerzos de investigación, como los mencionados en la noticia, buscan desarrollar tratamientos más específicos y efectivos para combatir esta enfermedad.


