En un contexto internacional atravesado por tensiones geopolíticas, cambios regulatorios y nuevas exigencias del mercado, la agenda de sostenibilidad corporativa atraviesa una etapa de recalibración. Así quedó planteado en el Kick Off 2026 del CEADS, que reunió a referentes empresariales y especialistas para analizar el nuevo escenario.
Durante el encuentro, Martín Berardi advirtió sobre un cambio de época: un mundo más fragmentado, con cadenas de valor en transformación y una globalización en retroceso. En ese marco, sostuvo que la sostenibilidad debe dejar de ser un eje discursivo para convertirse en un factor concreto de competitividad y generación de valor.
La jornada también puso el foco en cómo la sostenibilidad corporativa evoluciona hacia una fase más pragmática. Sebastián Bigorito planteó que el proceso actual no implica un retroceso, sino una redefinición, donde las empresas comienzan a integrar los riesgos ambientales, sociales y de gobernanza (ESG) directamente en su gestión.
Desde una mirada académica, Alberto Willi destacó que el mundo atraviesa una etapa de divergencia y que los nuevos equilibrios implicarán costos. En ese contexto, remarcó la necesidad de repensar el modelo productivo y avanzar hacia una “licencia para transformar”.
A nivel internacional, la agenda también muestra señales de ajuste. Belén Zermatten explicó que se observa un reordenamiento normativo orientado a equilibrar exigencias con capacidades reales de las empresas, en línea con medidas recientes adoptadas en Europa.
Por su parte, Aldo Leporati subrayó el peso creciente de la reputación en un entorno donde las audiencias demandan hechos concretos: ya no alcanza con comunicar, las compañías deben demostrar.
En este nuevo escenario, el desafío empresarial pasa por anticipar regulaciones, integrar la sostenibilidad en toda la cadena de valor y detectar oportunidades de eficiencia y circularidad. Más que una tendencia, se consolida como una condición necesaria para competir en la economía actual.


