El turismo en Estados Unidos enfrenta una crisis debido a las políticas y declaraciones del gobierno de Donald Trump, que han generado preocupación entre los viajeros internacionales. Muchos visitantes temen no sentirse bienvenidos o seguros y han decidido evitar apoyar la economía de un país que, según algunos, desestabiliza a sus aliados y endurece sus políticas migratorias.
Turistas detenidos en fronteras, aranceles elevados y tensiones diplomáticas han provocado una reducción en los viajes a EE. UU. Un borrador de prohibición de entrada a ciudadanos de 43 países, entre ellos Bielorrusia y Camboya, ha reforzado estas preocupaciones. Mallory Henderson, una consultora londinense, canceló su viaje a Boston por considerar que el ambiente es hostil y tenso. Como ella, muchos viajeros buscan destinos alternativos.
El sector turístico estadounidense aún no se recupera de la pandemia debido a la fortaleza del dólar y los largos tiempos de espera para obtener visas. Se esperaba alcanzar las cifras de visitantes de 2019 este año, pero ahora parece poco probable. La empresa Tourism Economics pronosticaba un crecimiento del 9 % en los viajes entrantes, pero en febrero redujo sus estimaciones a una caída del 5,1 %, lo que representa 18.000 millones de dólares menos en gasto turístico. Canadá ha sido uno de los países más afectados por los cambios. Tras el anuncio de aranceles, el número de canadienses cruzando la frontera cayó un 24 %. En respuesta, aerolíneas como Delta y American Airlines ajustaron sus previsiones financieras.
Las políticas comerciales y de seguridad nacional, junto con la retórica confrontativa, afectan la percepción internacional de EE. UU. La incertidumbre en la frontera ha llevado a países como Reino Unido y Alemania a actualizar sus advertencias de viaje, recordando que la exención de visado no garantiza la entrada. Varios turistas y residentes permanentes han sido detenidos en aeropuertos por razones poco claras.
En Europa, operadores turísticos aún no reportan cancelaciones masivas como en Canadá, pero la tendencia apunta a un descenso en los viajes a EE. UU. La llegada de europeos occidentales cayó un 1 % en febrero, en contraste con el aumento del 14 % registrado el año anterior. Christoph Bartel, un alemán residente en Noruega, canceló su viaje a Arizona por los despidos en los parques nacionales y la reducción de regulaciones ambientales.
El costo de viajar a EE. UU. también es un factor disuasorio. Alan Wilson, director de Bon Voyage Travel & Tours, señala que la fortaleza del dólar y el alza en los precios de hoteles dificultan la rentabilidad de los viajes. Además, la cultura de propinas del 20 % desagrada a los visitantes británicos, quienes prefieren pagar tarifas fijas.
Pequeños negocios turísticos en ciudades como Nueva York y San Diego están sufriendo las consecuencias. Luke Miller, de Real New York Tours, ha visto cancelaciones masivas de turistas canadienses, lo que ha puesto en peligro la viabilidad de su empresa. Con la incertidumbre actual, prevé recortes de personal si la demanda no mejora.
Para contrarrestar esta crisis, estados como California y Nueva York han intensificado sus campañas de promoción. Visit California redujo su previsión de gasto turístico global de 166.000 millones a 160.000 millones de dólares para 2025. Julie Coker, de New York City Tourism+ Conventions, asegura que Nueva York sigue siendo accesible para viajeros con presupuestos reducidos, destacando la oferta cultural fuera de Manhattan.
A pesar de estos esfuerzos, la situación sigue siendo incierta. Mientras algunos expertos confían en la resiliencia del sector, otros, como Miller, temen que muchas empresas turísticas no sobrevivan a la crisis actual.


