El parque empresarial de Costa Rica presenta una dualidad profunda: por un lado, una mayoría abrumadora de MiPymes (97,5%) que representan apenas el 37,7% del PIB y el 34,1% del empleo; por el otro, un pequeño grupo de grandes corporaciones (2,5%) que generan más del 60% de la producción nacional. Esta brecha de productividad marca un límite estructural al crecimiento inclusivo del país.
Dentro del segmento MiPyme, existe una segmentación interna crítica. De las 134.000 empresas registradas formalmente, el 80,4% son microempresas, mientras que más de 435.000 unidades económicas informales operan sin cédula jurídica ni contabilidad, lo que las excluye de los programas de encadenamiento productivo y de los circuitos económicos formales.
Esta realidad configura un fallo estructural en la política pública: se diseñan programas homogéneos para realidades económicas profundamente diferentes. Las políticas de encadenamiento no alcanzan al universo informal, mientras que las estrategias de formalización no impulsan suficientemente a quienes ya tienen potencial de crecimiento.
Costa Rica ha desarrollado capacidades destacadas a través de CINDE (que atrae IED) y PROCOMER (que articula la oferta local), pero el cuello de botella radica en la limitada preparación de la oferta MiPyme para insertarse en las cadenas de valor. La evidencia muestra que el salto a proveedor de multinacionales mejora productividad (6-9%) y empleo (hasta 26%), pero el número de empresas que logran ese salto sigue siendo reducido.
En sectores como Ciencias de la Vida, donde existe un clúster altamente especializado, los encadenamientos son exitosos, con más del 58% de compras locales dirigidas a insumos de alto valor. En contraste, sectores como Turismo, aunque relevantes en generación de divisas, muestran vínculos débiles con proveedores nacionales por su dispersión geográfica y barreras culturales.
El modelo de encadenamiento debe basarse en concentración geográfica y masa crítica, replicando el caso de Coyol Free Zone en sectores como Agroindustria, Servicios Digitales y TICs. Esto exige crear incentivos para clústeres sectoriales con foco territorial y enfoque en especialización.
En este ecosistema también existe una oportunidad estratégica en la Economía Social Solidaria (ESS), compuesta por más de 6.600 organizaciones con fuerte arraigo territorial. Si bien la ESS está naturalmente alineada con criterios ESG, su principal debilidad está en cumplir estándares de gobernanza corporativa, lo que genera una “paradoja ESG”. Se requieren marcos de intermediación que traduzcan sus valores al lenguaje corporativo, evitando forzarlas a operar como empresas tradicionales.
Propuestas clave (8 acciones estratégicas)
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Segmentar la política pública: desarrollar rutas diferenciadas para microempresas informales, MiPymes formalizadas y proveedores en ascenso.
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Reducir costos y simplificar trámites: consolidar plataformas como Ventanilla Única PYME.
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Crear una “Aceleradora de Proveedores” de Alto Rendimiento: identificar anualmente 20 MiPymes con potencial y brindarles mentoría, certificación y cofinanciamiento.
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Replicar modelos exitosos: como el clúster de Ciencias de la Vida en sectores estratégicos (agroindustria, TICs), a través de mapeo de cadenas de suministro y zonas de concentración.
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Escalonar el desarrollo de proveedores: establecer rutas de progresión por niveles para que empresas locales puedan graduarse como proveedoras estratégicas.
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Integrar a la ESS: lanzar un plan piloto con multinacionales, MTSS y socios técnicos para profesionalizar organizaciones sociales sin sacrificar su misión.
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Enfocar en certificaciones y especialización: fomentar que las MiPymes obtengan certificaciones ISO y enfoquen su modelo de negocio en nichos de alto valor.
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Fomentar consorcios y cooperación empresarial: permitir que MiPymes y organizaciones de la ESS compartan costos de capacitación y certificación para mejorar su competitividad.
Conclusión
Costa Rica posee instituciones sólidas para la atracción de inversión y la promoción de exportaciones, pero la falta de una política robusta de desarrollo empresarial intermedio limita la capacidad del país de transformar su tejido productivo. Sin un puente que convierta a las MiPymes prometedoras en proveedores de clase mundial, el sistema seguirá operando con brechas estructurales profundas. Superarlas es condición necesaria para un desarrollo económico verdaderamente inclusivo y sostenible.
Fuente: La Republica Costa Rica


