La economía real no espera discursos: mientras el Gobierno celebra una supuesta normalización macro, tres sectores clave —indumentaria, automotriz y electrónica— muestran un cuadro mucho más crudo, con caída de ventas, márgenes en rojo y empresas replegándose.
En indumentaria, el derrumbe del consumo se combina con la apertura a productos importados ultra baratos —como remeras desde USD 0,89 en origen— que presionan a toda la cadena local. El resultado es previsible: liquidaciones permanentes, pérdida de rentabilidad y riesgo creciente para la producción nacional.
En el sector automotriz, aunque se habla de integración regional y nuevas inversiones, la realidad es que la competitividad sigue atada a decisiones políticas y a un mercado interno débil. La industria intenta reorganizarse entre Argentina y Brasil, pero lo hace en un contexto global cada vez más exigente y con reglas todavía inciertas.
El panorama es igual de delicado en electrodomésticos y TV: ventas en caída de hasta 50%, morosidad récord por encima del 40% y un consumidor directamente fuera del mercado. Ni siquiera la baja de precios logra reactivar la demanda, porque el problema ya no es el valor, sino la falta de ingresos y financiamiento.
El denominador común es claro: una macro que busca ordenarse a costa de una microeconomía asfixiada. Sin crédito, sin poder adquisitivo y con una apertura que golpea a la producción local, el ajuste se traslada directamente a las empresas y al empleo.
Conclusión: más que un problema de “adaptación”, lo que está en juego es un modelo que enfría la economía real. Y cuando el consumo desaparece, no hay reconversión que alcance.


