En octubre de 2026 se cumplirán 17 años de la Asignación Universal por Hijo (AUH), la principal política de transferencia social dirigida a la niñez en Argentina. A casi dos décadas de su implementación, el balance muestra avances relevantes, mejoras recientes en la gestión y un desafío estructural aún sin resolver.
En los últimos dos años, los aumentos de la AUH contribuyeron a moderar la pobreza y la indigencia en hogares con niños. Entre el segundo semestre de 2023 y el primero de 2025, la indigencia en menores de 14 años cayó casi 9 puntos porcentuales y la pobreza, 13 puntos. En términos reales, el monto promedio de la AUH creció 69% entre 2023 y 2025, alcanzando $123.301 mensuales a precios de diciembre de 2025.
El impacto debe analizarse junto con la Tarjeta Alimentar, que funciona como complemento. En varios momentos recientes, la combinación de ambas transferencias llegó a cubrir la totalidad de la Canasta Básica Alimentaria. Sin embargo, como la Tarjeta Alimentar permanece congelada desde mediados de 2024, la mejora real conjunta fue más moderada.
En materia de gestión, la Resolución 1170/2025 introdujo un cambio positivo al simplificar los controles de salud para niños de 0 a 4 años. A través de cruces automáticos entre organismos del Estado, se reducen trámites para las familias y la verificación pasa a ser responsabilidad del aparato estatal. El avance es relevante, aunque todavía limitado a un segmento de los beneficiarios.
Persisten, no obstante, señales de alerta. El poder de compra de la AUH quedó rezagado frente a rubros clave como educación, vivienda y servicios, un punto sensible en un programa condicionado a la escolaridad.
El principal desafío sigue siendo estructural: la trampa de la informalidad. Para muchos hogares con hijos, aceptar un empleo formal de bajos ingresos implica perder transferencias y reducir el ingreso total. Mientras la AUH más la Tarjeta Alimentar cubren más del 90% de la Canasta Básica Alimentaria por hijo, las asignaciones familiares contributivas cubren una proporción mucho menor y no cuentan con complementos.
La agenda pendiente es clara: reducir esta brecha sin recortar la AUH, simplificar el esquema y diseñar transiciones graduales que permitan formalizarse sin perder ingresos. Sin esos cambios, la política seguirá atrapada en una contradicción de fondo.


