La pirámide demográfica está cambiando y con ella también aparecen nuevas necesidades, hábitos de consumo y oportunidades para la llamada economía plateada.
Según datos presentados por RENAPER, actualmente hay 65 personas mayores por cada 100 menores de 15 años. Y la tendencia continuará: la CEPAL proyecta que para 2050 las personas de 60 años o más representarán el 25% de la población de América Latina, es decir, una de cada cuatro personas.
A nivel mundial, la ONU estima que la población de 60 años o más pasará de unos 1.000 millones a 2.100 millones para 2050.
En este escenario, la denominada Generación Silver también está modificando la manera de entender la vejez. Ya no se trata solamente de vivir más años, sino de hacerlo con autonomía, actividad, vínculos sociales y propuestas que respeten la identidad de las personas.
Ahí aparece un mercado con enorme potencial. La economía plateada ya representa alrededor de US$ 3,25 billones a nivel global, y dentro de ella comienzan a ganar espacio actividades vinculadas con el entretenimiento, el bienestar y la socialización.
Una de ellas son los Juegos de Mesa Modernos.
Agustina Manna, Recreóloga Gerontológica y fundadora de Jugarnos, sostiene que jugar no es una actividad exclusiva de la infancia. En los adultos mayores puede convertirse en una herramienta para estimular distintas capacidades cognitivas, generar encuentros y combatir el aislamiento.
La propuesta reúne tres dimensiones: mente, encuentro y bienestar emocional. Los juegos obligan a interpretar reglas, tomar decisiones, planificar estrategias y relacionarse con otras personas. También generan una excusa para salir de casa y recuperar espacios de encuentro que muchas veces desaparecen después de la jubilación.
Desde Devir Argentina, Juan Del Compare, Marketing Manager de la compañía, destaca además el componente intergeneracional: alrededor de un tablero desaparecen las diferencias de edad y todos pasan a ser jugadores, generando nuevas formas de compartir entre abuelos, hijos y nietos.
El fenómeno también plantea una oportunidad para desarrollar productos y servicios pensados específicamente para este público: juegos con tipografías más grandes, piezas fáciles de manipular, reglamentos accesibles y diseños adultos, alejados de la tradicional asociación entre juego e infancia.
La transformación demográfica, entonces, no solamente plantea desafíos para los sistemas de salud, las jubilaciones o los cuidados. También está creando nuevos consumidores, nuevas necesidades y nuevos mercados.
Y en esa economía plateada, jugar puede ser mucho más que entretenimiento: puede convertirse en una manera de seguir pensando, decidiendo, compartiendo y formando parte.


