De un local a una red internacional: el crecimiento que incomoda al fast food

Arrancó sin espalda financiera ni marca detrás, pero con una idea firme y ejecución constante. Julio Gauna construyó desde cero una cadena de hamburguesas artesanales que, en menos de una década, pasó de un solo local a una red internacional con presencia en varios mercados.

El proyecto nació en 2017 con apenas 300 dólares, bajo una premisa clara: productos sin conservantes, identidad local y una experiencia moderna. La historia personal de Gauna atraviesa el concepto. Criado en la Base Naval de Punta Alta, trasladó ese universo al negocio al bautizar sus hamburguesas con nombres de barcos argentinos como San Antonio, General Belgrano y Santísima Trinidad.

El primer punto de venta abrió en Boedo, Buenos Aires. A partir de allí, la expansión fue sostenida y estratégica. Hoy la cadena supera los 100 locales en Argentina, Uruguay, Chile y Estados Unidos (Miami), y proyecta nuevas aperturas en Rosario y otras plazas clave.

La escala del negocio se refleja en los números: 1.000 kilos de carne procesados por día, cerca de 4.000 hamburguesas vendidas diariamente y una facturación mensual estimada en 3.500 millones de pesos. El modelo se apoya en la calidad como regla innegociable, eficiencia operativa y una gestión rigurosa de los equipos.

El recorrido incluyó momentos críticos, desde locales con baja demanda en invierno hasta crisis personales que pusieron a prueba la continuidad del proyecto. La capacidad de adaptación y un esquema meritocrático permitieron sostener el crecimiento incluso en contextos adversos.

En la actualidad, la empresa avanza en negociaciones para adquirir la operación de Burger King en Argentina, un movimiento que podría redefinir el mapa del fast food local y consolidar su peso dentro del sector.

El Desembarco